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Planta Semisótano

Daimiel...hace 5.800 años
 
El recorrido por el Museo comienza por la planta semisótano con una visión del paisaje de nuestro entorno hace unos 5.800 años, antes de que las primeras culturas que lo habitaban empezasen a transformarlo mediante los cultivos o la tala de árboles. Esta recreación del paisaje pertenece a la zona de las Tablas de Daimiel. A través de un estudio realizado sobre la evolución climática hace varios miles de años en la cuenca alta del Guadiana se ha podido concluir que un espeso bosque de encinas poblaba los Montes de Toledo, mientras que en las faldas y laderas de la Sierra de Villarrubia un frondoso bosque de pinos completaba la cubierta vegetal.

Considerado una especie de oasis en la Mancha, Daimiel se encuentra cerca de un humedal, en la confluencia de varios ríos que crean una zona pantanosa y encharcada: las Tablas de Daimiel y, en su tiempo, rodeado de lagunas, como La Albuera, Navaseca etc. Las Tablas de Daimiel son el último representante de un ecosistema denominado tablas fluviales, que se formaban por los desbordamientos de los ríos en sus tramos medios favorecidos por fenómenos de semiendorreismo y por la escasez de pendiente en el terreno. En estos desbordamientos se desarrollan plantas palustres que constituyen un hábitat idóneo para la fauna ligada al medio acuático. Estos humedales eran característicos de la llanura de la Península Ibérica.
 
 
El carácter especial de Las Tablas de Daimiel, el más pequeño de los Parques Nacionales, consistía en que su formación se producía en la confluencia de dos ríos de distinta naturaleza; el Cigüela, estacional y de aguas salobres; y el Guadiana, permanente y de aguas dulces. Esta característica también dota al espacio protegido una enorme diversidad ecológica.

 La vegetación palustre que podemos encontrar en este paraje, está compuesta por: la masiega, el carrizo y la anea. El Taray, representa la vegetación arbórea, formando pequeños bosques que rodean las islas y que constituye una seña identificativa de la flora del parque. 

Aunque la fauna es muy variada, lo que más llama la atención al visitante es la gran variedad de aves acuáticas que pueblan Las Tablas en cualquier época del año. Dependiendo de las variaciones climáticas, acuden al paraje especies migratorias que utilizan el humedal como lugar de invernada, nidificación y cría, o simplemente de descanso en sus viajes hacia otras latitudes.

Después de esta visión de tan importante paraje natural de nuestro entorno, nos adentramos en las primeras culturas plenamente asentadas en nuestra comarca.

 

Las primeras culturas

 

En la Mancha durante la Edad del Bronce podemos diferenciar dos patrones de asentamientos con características distintas: las motillas y los poblados en altura. Estos últimos se localizan en zonas elevadas, sobre pequeños cerros donde controlan el espacio circundante. Las motillas, sin embargo, son unos asentamientos de carácter fortificado localizado en zonas llanas y cercanas a los cauces de los ríos o junto a lagunas que, además, no tienen equivalente en otras zonas de la península. En el término municipal de Daimiel existen varias de estas motillas: Motilla de las Cañas, Motilla de la Casa del Cura, Motilla de la Vega Media, Motilla del Azuer... equidistantes unos 4 o 5 kilómetros entre ellas a lo largo del río Guadiana y Azuer.

 

 

Las diferencias existentes entre la riqueza de los ajuares funerarios aparecidos en las motillas y en los poblados en altura, nos indican que las élites sociales residirían en estos últimos, controlando desde allí a las motillas. Éstas por otro lado, actuarían como lugares de extracción, control del agua y almacenaje de productos agrícolas de los que se aprovecharían tanto sus habitantes como los de los poblados en altura.
A través de un audiovisual que nos recrea en tres dimensiones la Motilla del Azuer y vitrinas con material cerámico y metálico y una recreación de un enterramiento podemos conocer mucho mejor la importancia de este importante yacimiento prehistórico.

 

Tras la Edad del Bronce manchego, nos adentramos en la época ibérica. Algunos ejemplos cerámicos procedentes de la ciudad ibérica (Oppidum) del Cerro de las Cabezas nos demuestran los avances que se producen en este momento frente a la etapa anterior, como por ejemplo la aparición del torno, la cerámica es más fina y también hay cambios en cuanto a la decoración, apareciendo cerámica estampillada. Algunos ejemplos son los platos de cerámica gris, un kalathos con decoración estampillada y otra muestra de cerámica de bandas rojas y semicírculos muy propia de esta época.


En cuanto al metal, la reproducción de una falcata, arma utilizada por los guerreros, y una fíbula procedente también de este yacimiento, junto a reproducciones de exvotos ibéricos nos muestran otro avance en el trabajo de estos materiales, utilizando técnicas como la cera perdida.


En el apartado de ideas y creencias se muestran dos tipos de enterramientos de época ibérica, acompañados de un dibujo que explica el proceso del ritual de enterramiento. Uno de los enterramientos tiene un pequeño túmulo (agrupación de piedras que marca el lugar donde se ha depositado la vasija), mientras que el otro pertenece a un tipo sin túmulo en el que la urna cineraria que contiene los restos del difunto se deposita en un agujero practicado en el terreno. Ambas urnas cinerarias de época ibérica pertenecen a una necrópolis que fue excavada de urgencia en el término municipal de Villarrubia de los Ojos: Los Toriles.

 

El legado de Roma

 

Una consecuencia directa de la II Guerra Púnica en el año 218 a. C. fue la conquista romana de la Península Ibérica. Un conflicto militar que ya había enfrentado a romanos y cartaginenes en su intento por controlar el Mediterráneo. En este largo proceso de conquista, las comunidades indígenas que habitaban la Oretania y la Carpetania se convirtieron en campo de operaciones y moneda de cambio de ambas potencias.


Integrado el territorio dentro de la provincia hispánica Tarraconense, los romanos entendieron la compleja realidad urbana de las comunidades indígenas aceptando, según conviniese, sus particularidades políticas y territoriales o interviniendo directamente en el desarrollo de estos pueblos.


Entre las medidas emprendidas por los romanos, podemos citar la creación de nuevas ciudades; el trazado de una completa red de calzadas y caminos, que hicieron posible la comunicación entre las ciudades, al mismo tiempo que facilitaban el transporte de mercancías y alimentos o garantizaban los rápidos movimientos de tropas; la intensificación de la monetarización y la introducción de un nuevo sistema de explotación y organización del territorio agrícola.

 

 

Como expertos agricultores, los romanos realizaron aportaciones como el perfeccionamiento del arado y su uso frecuente en el trabajo de la tierra. Junto al arado, otra gran innovación fue la explotación sistemática de la tierra y la organización del territorio con la villa como centro productor de todo lo necesario para la subsistencia cotidiana. En las villas se cultivaba trigo, olivo y viñedo y su producción era destinada tanto al autoabastecimiento de las ciudades como a la distribución en los mercados del Imperio.


En el campo de la cerámica los romanos llegaron a fabricar distintos tipos según la función que tenían que cumplir: la cerámica de cocina que se empleaba en la elaboración de alimentos fríos y calientes; para el almacenamiento y transporte de alimentos fabricaban variados recipientes, como las ánforas; y un tipo de cerámica especial, considerada de lujo era la terra sigillata, fabricada a molde y en serie. Esta última es fácil de distinguir por su color rojizo y su aspecto exterior; se llamaba así por el sigillum o sello que se le ponía a la pieza en el fondo y que permitía distinguir los alfareros y los alfares. Ejemplos cerámicos procedentes del yacimiento de la Bienvenida o un plato de sigillata procedente del yacimiento ibero-romano de Los Toriles, nos permiten conocer de primera mano la cerámica en esta época.

 

La edad Media Reinos de Fronteras

 

Con las invasiones germánicas, el pueblo visigodo entró por primera vez en la Península Ibérica a comienzos del siglo V, aunque todavía tardase un siglo en establecerse definitivamente en ella. Aquí los visigodos construirían un reino, con una monarquía que tuvo a Toledo como su centro más importante, tanto en el plano político (por ser sede de la corte) como en el religioso. A partir de entonces, esta ciudad iba a adquirir, en el contexto de las tierras peninsulares, una notoriedad y una preeminencia que habría de mantener durante siglos.


La nobleza durante esta época visigoda adquirirá un poder político y social considerable derivado de su poder económico, gracias a la explotación de los campesinos humildes transformados en colonos. La monarquía electiva de los visigodos, junto al poder de la nobleza, traerá consigo una gran inestabilidad política. En el año 711, las rencillas políticas llevarán a uno de los grupos a pedir auxilio a los musulmanes, ya establecidos al otro lado del estrecho. Los visigodos no calcularon bien las consecuencias de este hecho, ya que los aliados musulmanes se convirtieron en invasores e introductores de una nueva civilización. Tras la batalla de Guadalete, el estado visigodo se derrumbará rápidamente, así en el año 714 la ocupación de la Península estaba prácticamente terminada. Varios siglos de ocupación musulmana fue la consecuencia.


Entre la toma de Toledo (1085) y la batalla de las Navas de Tolosa (1212) se producirá la conquista cristiana de toda la cuenca del Guadiana gracias a la crisis del poder almorávide.


Será la repoblación la que produzca los primeros roces entre Órdenes Militares en una comarca en la que confluían los intereses de la de Calatrava y la de San Juan.

 

 

El acuerdo de deslinde en 1232 determinó la línea divisoria entre Villarrubia de los Ojos y Daimiel. Esta es la primera mención escrita de Daimiel, aparecida en el Bullarium de la Orden, siendo Daimiel cabeza del territorio.

 

A finales del siglo XII la ganadería adquirirá gran importancia, será el único medio de explotación de las grandes extensiones de tierra incorporadas que no pueden ser ocupadas por pobladores sedentarios (agricultores), porque los reinos cristianos carecen de suficiente población y ésta no puede instalarse en zonas conflictivas.


Los pastos se convirtieron pronto en una de las principales riquezas de la Orden de Calatrava, donde Daimiel contaba con unas 6.300 ha, casi un 15 % de su término, que comprendían las dehesas de Curenga, Xetar, pertenecientes a la Encomienda, y la de Zacatena, unida a la Mesa Maestral hasta fines del siglo XVIII.


La importancia de esta zona como tierra de pastos, queda reflejada en el establecimiento de un puerto (conocido como Villadiego) donde se cobraba montazgo a los ganados trashumantes, y que se situaba sobre la vía pecuaria llamada Cañada del Carrerón.

 

En nuestro recorrido por la planta semisótano nos encontramos con las dos cuevas originales que tiene esta antigua vivienda hoy rehabilitada en Museo Comarcal. Estas estancias son una constante dentro de la arquitectura popular de nuestro entorno. Junto con el zaguán y el patio, conforman los elementos más significativos de nuestra arquitectura. Hasta no hace muchos años eran utilizadas como despensas, para almacenar distintos alimentos, tales como patatas, aceite o vino, pues las condiciones climáticas eran favorables para su conservación.

 

Este tipo de construcciones también tiene su reflejo en el mundo rural: aquí serán conocidas como cuevas de quintería. Eran durante un determinado periodo de tiempo vivienda de labranza. La distribución interior de estas construcciones será la de una cocina con chimenea y poyos corridos, al tiempo que una o varias cuadras, dependiendo del número de yuntas.


Retomando el hilo argumental de la tecnología, veremos dos ingenios introducidos por los musulmanes: uno de ellos es una coracha que formaba parte de un sistema de abastecimiento de defensa y abastecimiento hidráulico de la fortaleza de Calatrava la Vieja.


NORIA TRADICIONALEl otro ingenio hidráulico introducido por los musulmanes en Al-Andalus en torno al siglo X es la noria de sangre constituidas por ruedas que son movidas por animales, y que mediante un engranaje y provistas de arcaduces de barro y posteriormente de cangilones metálicos, sirven para extraer agua de los pozos y regar las huertas.

En el espacio dedicado a la cerámica medieval en el semisótano, veremos distintos ejemplos de cerámica popular vidriada, al tiempo que otra serie de importantes piezas: una jarra altomedieval, un ataifor musulmán y distintos azulejos medievales de Manises junto con un fragmento de pavimento del siglo XV.


Nuestra cercanía al pozo de la casa nos hace plantearnos como el agua, fuente de vida, siempre ha estado presente desde los orígenes del hombre. Los más primitivos asentamientos del hombre han buscado tener el agua como pieza clave de su asentamiento.


En épocas más cercanas, y en el ámbito doméstico viene a suceder lo mismo, la vida de la casa urbana gira en torno al pozo de la casa, que es el que provee de agua a la gente que vive en ella.El pozo es en definitiva un elemento determinante en la casa manchega, a través del cual se abastecen sus moradores.



Recreacion de Enterramiento de la Edad del Bronce
vista general sala expositiva semi-sotano
Castillo de Calatrava La vieja
Detalle exposicion de cerámica
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